¡En un café se vieron y no por casualidad!





– Un café – me dijo.
– Y claro, un café no se le niega a nadie – Le dije. 
 (a pesar de haber rechazado muchos cafés 
que me habían ofrecido muchas veces)

Pero él,
El se comunicaba conmigo de una manera poco predecible, había intriga en sus conversaciones. Nunca me gustó el papel de hacerme la chica difícil, la verdad es que eso no es lo mío (cabe expresar que lo de la chica fácil tampoco es conmigo) simplemente herede de mi hermosa madre la particularidad de decir las cosas sin filtro, o sea si alguien empieza a ser muy cariñoso conmigo o empieza a tener detalles que son muy halagadores siempre pongo el freno de mano en primera; sobre todo cuando la persona me cae bien pero no hay interés amoroso en lo absoluto, pero todo lo contrario sucede cuando alguien me gusta, saco la artillería pesada y hasta saco las alas de escarcha para ser altamente notada. (si algo así como un unicornio saltando sobre un arco-iris de escarcha).

¿Sabes de algún café para ir? – me dijo
– En Usaquen podemos ver, allá hay varios – Le dije. 
(Y claro que sabía de muchos cafés para ir 
es más mi café favorito queda en Usaquen,
pero ir a mi café favorito con él 
parecía demasiado en un principio,
 así que lo deje a la suerte 
y en un sitio más público).

Así fue que terminamos conversando en un café parisino en Usaquen, hablando de nuestros gustos y aficiones, sentados cada uno en dos extremos de una mesa como si fuera alguna clase de negociación, aun así habían miradas coquetas, risas tímidas por historias graciosas y mucha curiosidad por saber más el uno del otro, fue una cita perfecta, cuando salimos del café caminamos aproximadamente una hora por las calles de bonitas de la zona y hablábamos ya como si fuéramos amigos de años, y así empieza una historia de un amor bonito con Un café.

pd: Este es un pequeño relato de una serie de anécdotas que he escrito sobre el amor bonito, más exactamente mi amor bonito (Juan).






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